7 COSAS QUE MC DONALD SABE DE TU CEREBRO

Recientemente, se difundió mediante la Internet que en Bolivia, se cerraron todos los restaurantes de comida rápida de la cadena Mc Donald. ¿Cómo fue esto posible? Por el desinterés de la gente. Sorprendentemente, no hubo un “piquete” en el altiplano en contra de la corporación. Simplemente, no compraron. Me gustaría darle crédito a tal movimiento, no sólo por el simple hecho de que hayan cerrado a Mc Donalds,  sino porque quedó en evidencia el poder  de la  voluntad del pueblo.
Estimo que nuestros hermanos bolivianos, no tenían en su ojo mental las siguientes 7 cosas que Mc Donald sabe sobre nuestro cerebro:

1 – Propiedades adictivas del azúcar
Según demuestran estudios del “Baylor College of Medicine”, toda la “comida” (si se la puede  llamar así) de ese restaurante tiene azúcar. Desde el ketchup, hasta las papas fritas, desde las gaseosas hasta las hamburguesas. El departamento de marketing de esa cadena, sabe que querrás agrandar tu combo, no sólo por la oferta, sino porque el azúcar es adictiva. Como tu cerebro puede generar una dependencia a la cocaína o a la nicotina, también lo puede hacer con la azúcar, produciendo -al igual que esas sustancias: atracones, deseo impulsivo de consumirla y abstinencia.

2 – La fuerza de la comodidad
En Estados Unidos  (y en distintas proporciones en el resto del mundo capitalista), el hecho de que puedas  ir a casi cualquier ciudad en el país y encontrar un McDonalds dentro de los cinco minutos de conducción por carretera, contribuye a la probabilidad de comer compulsivamente. Esta disponibilidad es la que fomenta y no ayuda al que intenta hacer dieta.  Las recientes epidemias de adicción a la cocaína y la heroína han sido  acompañadas  del aumento y asequibilidad de esas sustancias. Es decir, que es muy difícil dejar de consumir algo cuando está al alcance de la mano. Sobre todo en el caso de éste tipo de alimentos, que están químicamente desbalanceados para modularte el cerebro mediante el azúcar. La actividad de la dopamina en  el núcleo accumbens (zona cerebral encargada de la recompensa) interfiere en la capacidad cognitiva de “toma de decisión”. Por eso, es que los jóvenes tienen grandes dificultades para no caer en el impulso de comprar fast-food; como los adictos al cigarrillo tienen grandes dificultades en abstenerse del cigarro, aunque sepan que deben dejarlo. Lo mismo ocurre con la comida chatarra. La sensación de gratificación cerebral, mediante la activación del núcleo acummbens por dopamina, dificulta mucho el poder decir “No, basta de ésta comida”.

3 – Economía cerebral y el valor de las comidas
En la corteza orbito-frontal, el cerebro evalúa costo-beneficio. Una comida que da mucho placer cerebral,  más un bajo costo económico; parece ser un motivo que explica por qué los usuarios de McDonalds tienen compras compulsivas de estos productos. Para el cerebro, es lo mismo el dolor un golpe en el pie, que perder plata. Como la cadena de comida rápida, conoce este neuro-detalle, es que siempre está ofreciendo promociones nuevas.  Con este tipo de promociones en McDonald, se obtiene la comida gratificante, sin el dolor de perder dinero. ¿Qué decisión tomará tu cerebro si le das una buena promoción con una recompensa alta en azúcares?

4 - Nuestros cerebros prefieren alimentos ricos en calorías
Esto se descubrió científicamente, experimentando con ratas de laboratorio. A las mismas, se les ofrecieron dos dispensers de agua. Uno con agua azucarada y otro con agua normal. Las ratas, que habían sido genéticamente modificadas para que no sientan el sabor dulce del azúcar, eligieron el  bebedero azucarado. Cuando cambiaron el azúcar por edulcorante;  tomaron indistintamente de los dos recipientes. Explorando los cerebros de los roedores, se pudo comprobar que el cerebro de los ratones secretaba dopamina aunque su paladar no les permitiese sentirlo. Es decir, que nuestro cerebro nos puede decir sin que lo sintamos, qué alimentos son altos en calorías y cuáles no. Dándole preferencia a los alimentos azucarados, sintamos o no sintamos el dulce sabor del azúcar en nuestras papilas gustativas.

5 – Propiedades adictivas de la velocidad
Si uno toma un medicamento comprimido (en forma de pastilla), éste, debe ser disuelto en el estomago para finalmente ser absorbido y enviado al cerebro. Esta forma de absorción es lenta. La vía rápida, en cambio, es inyectar esa misma sustancia en el torrente sanguíneo, consiguiendo el efecto cerebral rápidamente, y sin esperas. En definitiva, cuanto más cerca se puede emparejar un estímulo con una recompensa, mayor será la asociación. El efecto de la azúcar en cerebro, es rápido, en relación a otro tipo de sustancias nutricionales.
Para comer en Mc, ni siquiera hay que bajarse del auto, e incluso, hay extra-recompensas si el servicio se retrasa. Nuestro cerebro, prefiere el placer y las vías rápidas de obtención del mismo a esperar por sus gratificaciones. Este mecanismo cerebral,  nos insta siempre a tomar decisiones apresuradas, impulsivas y sin que podamos meditar al respecto. Por eso, es que muchas personas que están a dieta, terminan comprando en Mc Donalds, y luego se arrepienten por no haber refrenado ese nefasto impulso consumista.

6 – Al cerebro le gustan las marcas
En todo el globo, McDonald proporciona una experiencia consistente cada vez que entras a sus locales. Los empleados, de indistinta indumentaria, recitan el mismo guión, las fotos de la comida son similares al igual que todos los logotipos, colores, olores  y personajes de la cadena, etc. La dopamina, no sólo recompensa el cerebro, sino que lo activa indeterminadamente en la búsqueda del placer. Por eso, cuando manejas por la ruta y ves a la distancia los arcos dorados, se activan inconscientemente, algunas zonas cerebrales, asociadas a ese placer/recompensa que sentiste la última vez que comiste tu sandwich. De tal modo, sentirás casi un irrefrenable impulso o deseo de comer nuevamente en estos locales, con el fin de repetir esa experiencia placentera.

7 – La cajita feliz y el packaging engañan tu memoria
En un estudio reciente, los investigadores dieron a los niños nuggets de pollo en un recipiente sin marca y luego en el embalaje McNuggets. No es sorprendente que los niños prefieren los nuggets cuyo envoltorio se asemejaba a una cajita feliz ¿Verdad?

La investigación en neurociencia ha demostrado que una gran parte del placer de comer se debe a los recuerdos ligados a la comida. Es decir que el placer de comer, no es solo una cuestión de gusto. Por eso, es que en éstos restaurantes, tus redes neuronales responsables de la memoria, se ven alteradas, y tu voluntad desplazada a un segundo plano, por el irrefrenable deseo de recompensa azucarada. Se tiene  un bagaje histórico que  insta a comer en Mc Donalds y no en otro lugar. En estas cadenas, tu recompensa hará poner en juego todas las experiencias y recompensas previas que hayas experimentado en esta cadena. Es decir, que tu cerebro, engaña tu mente, y tu mente te lleva para donde ha sido condicionada a ir, es decir: CONSUME.
Algo similar,  sucede con las gaseosas. Estudios neurocientíficos demostraron que los usuarios prefieren de igual manera coca-cola o pepsi (y que incluso produce los mismos efectos en el cerebro) hasta que a la persona se le dice “usted tomará cocacola” o “usted tomará pepsi”. El 75% de las personas a las que se les ha dicho que beberán cocacola o pepsi, prefieren cocacola; pero no se debe a cuestiones de recompensa de dopamina, sino a condicionamiento mental por la publicidad. Si uno no anticipa que bebida tomará, el cerebro y su mente, no cambiarán la experiencia del momento en el que beba la gaseosa. ¿Sorprendente, verdad? No obstante, te podes justificar con que tu eres un usuario "especial", pero la realidad, es que nunca antes en el mundo, la obesidad es una epidemia.
Ahora bien ¿Puedes encontrar alguna  similitud entre, Ulises (en La Odisea) y su lucha contra el canto de las sirenas y los arcos dorados de Mc Donalds?

 

Lic Martín Gamaliel Rodríguez
Docente e Investigador en Laboratorio de Biopsicología de la Universidad Kennedy

Para contactarse con los columnistas de la revista escribir a: opinion@abcooltural.com