Enero 2012

Luego de transcurrido medio siglo por este planeta y con la certeza que al menos la mitad de este tiempo he estado de pié, parece que todo se remite a los análisis, a las evaluaciones, a los balances, cuando el calendario (el que está colgado en la pared) ya no tiene vida útil, nadie pensaría que está muerto, pero de pensarlo así es casi la mejor justificación para creer que es necesario algún tipo de re-planteo, al menos si se siente culpa por algo que no está todavía resuelto.
Pensar que hace apenas unos días estábamos saludando y augurando los mejores deseos de prosperidad a diestra y siniestra, incluso a personas que ni conocemos, ni hablar de gente que si conocemos y que durante el año nos preocupa bastante poco, pero igual, por las dudas, o para no pasar por otario, por poco festejador, o por poco fiestero, lo cual a uno lo convierte en un paria. Sin embargo saludamos, miramos arbolitos armados, nos agachamos ante una guirnalda media suelta, probamos comidas que jamás comeríamos, y bebemos como si fuera la última vez que nos lo es permitido. Muy pocas personas en el mundo han tenido la oportunidad y el privilegio de gritar en el patio de una institución a sus casualmente compañeritos “Los Reyes son los padres”, tal es el caso del príncipe Charles y se me ocurre que Fernando VII era otro de ellos, sin embargo ese sentimiento tan caro a nuestra ambición desmedida, claro a una edad dónde no se tiene conciencia pero que por bastante conveniencia se trata de prolongar con mucha conciencia, no tenemos idea si alguna vez con o sin conciencia hemos destruido la ilusión de un chico, otro chico, si por venganza, por humanidad, por viveza o por idiotas, quizás incluso a uno que seguiremos viendo por muchos años de nuestra vida, sin embargo la vida continúa, llegarán los fines de año, y quizás con ellos el indulto cultural, que perdona a familiares, a vecinos, a amigos, incluso a quienes hemos hecho algún daño…
Y en ese tren de evaluar, de mirar hacia atrás un poquito pensando hacia delante, de hacer las comparaciones y pensar en los deseos, no podemos de otra manera, desde esta revista, desde estas páginas, desde esta editorial, desear lo mejor, lo imposible, lo tan anhelado, porque de lo otro ya tenemos suficiente, como para hacer dulce, y le pedimos a nuestra autoridad, por favor !!
Que se termine la era del “yo”, basta de MI Programa, Mi Ärea, Mi Departamento, Mi Equipamiento, Mi Museo, Mi Orquesta, Mi Teatro, Mi Sala, Mi Biblioteca, Mis Artistas, Mi Público.
No se dan cuenta lo aburridos que son, cargados de ese infantil narcisismo, todavía no se enteraron de que estamos en la época del nosotros, de los consejos, de los equipos, de las redes, de los consorcios, los holdings para la cultura, parece repetitivo: darse cuenta que están en lo público, en lo administrativo, en el nexo; darse cuenta que ha ocurrido con éxito en muchas ciudades del mundo: la cooperación; ya se ha experimentado, se puede investigar, se puede consultar, se puede estudiar, se puede evaluar, los consejos son deliberativos en todo el mundo, pensados para la cultura de sus ciudades, claro, con los artistas, para los ciudadanos, creando civilidad. Poca cosa.
Se puede pedir: que las organizaciones culturales, las de los ciudadanos comunes, los que no son empleados del oficialismo, libremente organizadas, con todas sus tendencias, estuvieran presentes en la conformación de una cultura participativa, no la de diversión, esas son para el ocio, que es otra cosa, no mezclar por favor, cooperar pero sin mezclar, porque sino siempre sale perdiendo la cultura; pidamos también que las empresas, las que verdaderamente colaboran con la cultura ciudadana, aunque su producción sea otra, cooperando con los artistas, que no sean los mismos de siempre, que haya diversidad, por favor !! y alguien que piense !! total estamos pidiendo los deseos, no ?
Realmente debe ser difícil trabajar así, de hecho nunca se empezó, y sabiendo que la ciudad es compleja, pero tenemos que aprender a trabajar con esta complejidad; la eficiencia siempre pide tiempo, pero si nunca empezamos a sumar ideas, nunca se hizo ni siquiera una planificación, la experiencia de uno en esto es irrelevante, pero observar que se han pasado años ya sin un solo vuelco cultural, y resultados aburridamente previsibles. Los chicos dirían: “hace falta cambiar definitivamente el chip”…
Porque el incapaz se defenderá inmediatamente diciendo que de él no depende, y estoy de acuerdo, porque para eso se aferró, para que no haya una sola ola, no crear una sola necesidad de cambio, no empujar, no lograr, la menor intención de experimentar. Llenar todo discurso de palabrería críptica y altisonante, complicando todo lo sencillo de la creatividad, exhibir constantemente como si fueran un logro las “políticas culturales” que son solo un montón de buenas intenciones cargadas de subsidios para acallar a los más cómodos, y quedar bien con un stablishmen que no evalúa impactos ciudadanos en términos culturales, solo vende productos dependiendo de la circunstancia emergente.
Se nos calentó la bebida en la copa mientras elaborábamos nuestro deseo, bien, no importa la bebida, siempre se empieza de nuevo, (eso sonó lamentable) al menos para un proyecto de cultura; nosotros sabemos que gestión es hacer y ponerse a trabajar, tener en claro “que” queremos, “para quien” lo queremos, y “como” lo haremos, luego de brindar, con todo nuestro equipo de colaboradores, nos vamos a dormir tranquilos y espléndidamente.

 

 

Walter Turco
Director y Responsable